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Angela Merkel asumió su cuarto mandato con el reto de revitalizar la economía alemana

La canciller alemana encabeza una gran coalición con su partido conservador y los socialdemócratas. Gobernará con un Parlamento muy fraccionado.

“Sí, acepto”. Con estas escuetas palabras, a los 63 años, Angela Merkel se convirtió por cuarta vez consecutiva en canciller de Alemania. La “hija política” de Helmut Kohl, quien hace ya 13 años era la primera mujer y la primera persona de la extinta Alemania oriental en llegar a la jefatura de gobierno, lidera desde hoy una nueva coalición de conservadores y socialdemócratas con la promesa de modernizar la principal economía europea, reformar las instituciones del viejo continente e intentar paliar el descontento de parte de la sociedad en tiempos de precarización e incertidumbre global.

Esta tercera “gran coalición”, que se propone dirigir Alemania hasta el 2021 bajo la batuta de Merkel, está integrada por la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de la canciller, por los conservadores de la Unión Socialcristiana (CSU) de Baviera y por el Partido Socialdemócrata (SPD). Estas tres grandes fuerzas fueron duramente castigadas en las urnas en las elecciones de septiembre de 2017, sobre todo la CSU bávara (con una caída de 10 puntos) y el SPD, sumido en una profunda crisis de identidad desde hace más de una década tras la flexibilización laboral y los recortes al estado de bienestar impulsados por el canciller Gerhard Schröder (1998-2005).

Aunque tiene una mayoría importante de escaños, 399 sobre 709, este oficialismo convive con el Parlamento alemán más fragmentado desde 1953, cuando comenzó a aplicarse el mínimo del 5% de votos exigidos para entrar a la Cámara Baja alemana, el Bundestag.

Es la primera vez, además, que un partido de ultraderecha nacionalista constituye la principal fuerza de oposición en el Bundestag. La irrupción en la escena política de la Alternativa para Alemania o AfD, un partido de tendencias euroescépticas y xenófobas, provocó un corrimiento en la relación de fuerzas parlamentarias y puso el foco sobre sus temas favoritos: el freno a la llegada de refugiados de Oriente Medio y de inmigrantes en general y la defensa de la identidad nacional. Tanto, que ahora el ministerio del Interior alemán se llama además “ministerio de la Patria”. Lo comanda el conservador bávaro Horst Seehofer, quien promete agilizar los trámites de asilo y acelerar las deportaciones. La idea es que no se repita una situación como la de 2015, cuando llegó una masa de cientos de miles de refugiados que provocaron una crisis administrativa en Alemania y derivaron en el ascenso de la AfD.

Fueron los votos “robados” por la AfD a los grandes partidos los que sumergieron a la política alemana en un interinato de seis meses. Tras las elecciones de septiembre, como los socialdemócratas preferían en ese momento quedarse en la oposición, Merkel intentó formar una coalición con su bloque conservador, con los Verdes y con el partido liberal FDP. Pero en noviembre los liberales se fueron dando un portazo inesperado y Merkel tuvo que convencer a los socialdemócratas de sentarse a negociar. La canciller hizo concesiones en materia de políticas sociales, cedió el ministerio de Hacienda y finalmente, tras conversaciones que duraban toda la madrugada, logró el objetivo de conseguir una mayoría parlamentaria para gobernar.

La secunda en el Ejecutivo Olaf Scholz, un experimentado político socialdemócrata que será vicecanciller y ministro de Finanzas, un puesto clave para el reparto de fondos en Alemania pero también para la reforma de la Unión Europea. Scholz es un pragmático liberal que promete llevarse muy bien con Merkel y que podría mantener la política de austeridad de su predecesor en esa cartera, Wolfgang Schäuble, aunque con mayor inversión en educación, vivienda e infraestructura.

Clarin

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