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Así es un camionero por vocación

“El trigo no es trigo mientras no esté en el silo”, así decía el ministro Hernando Bertoni, descendiente del sabio Moisés Bertoni. A partir de esa premisa, Reinaldo Giménez encara su trabajo de camionero con la seriedad debida y ¿por qué no?, con la dosis del patriotismo de quien está comprometido con la cadena de la producción paraguaya. Aquí nos cuenta sus logros y los gajes de su oficio que no le amilanan por él se siente “camionero por vocación”.

El transportista es un importante eslabón de la producción. Transportista entendido generalmente como el conductor del camión sin cuyo servicio el trigo maduro en la chacra de nada serviría. Es cuando actúa el camionero, el que hace posible que “el trigo sea trigo” porque estará en el silo y en los molinos.

Una aclaración al margen para ubicarlo a ustedes los lectores: Esta no es una noticia periodística redactada con el rigor y los términos de un artículo sobre asuntos económicos, si bien refiere a un tema económico. No. Es digamos que es una nota humanista, sobre la condición humana del individuo, de quien lucha, cae y vuelve a levantarse; de quien, como cualquiera de nosotros procura por superar dificultades y salir adelante.

Dicho esto, vamos al grano.

Giménez es camionero desde su más tierna juventud. Su padre y sus tíos fueron transportistas. Diosnel Giménez, “Pololo”, su padre le hizo primero su ayudante y con el tiempo, chofer. Tiene 53 años de edad, nació en Encarnación donde está radicado, tiene cinco hijos; cuatro, de su primer matrimonio (tres mujeres y un varón), una es médica y las otras dos estudian la misma carrera. Los demás hijos estás en la enseñanza media.

“Siempre me gustó ser transportista, a pesar que me decían que es una profesión ingrata y vaya que tenían razón”, dijo a El País.

-¿Por qué ingrata?

– Porque le priva a uno de muchas cosas y acontecimientos tanto de amigos como de familiares.

¿Se refiere a que si se queda en la ruta sin tener  forma de estar con la familia y los amigos, en algún acontecimiento social familiar agendado, quizás?

-Así mismo.

¿Cuándo y cómo empezó a trabajar como chofer de un camión?

– Fue en el año 1987. Retornando de Pedro Juan Caballero. Tomo el volante en Santa Rosa  del Aguaray. Era un largo camino de tierra, los puentes estaban hechos de madera, el peaje creo que costaba 50 ó 100 guaraníes y mi sueldo era 25.000 guaraníes.

¿Alguna Navidad, Año Nuevo o una fecha importante para usted y su familia pasó a bordo del camión por algún percance que hayas tenido en la ruta?

Cuando nació mi segunda hija, no pude estar aquí. Por trabajo, además, pasé un Año Nuevo en Montevideo, luego una Navidad y un Año Nuevo también en la capital uruguaya. Por trabajar en el transporte varios otros acontecimientos familiares dejé de lado. Cuando murió un tío al que le quería como mi padre y él a mí como un hijo no pude estar en el velatorio porque estaba lejos, manejando, así como cuando falleció un sobrino mío.

-Hacer lo que le gusta, por vocación.

– Siempre digo que hay que trabajar en lo que a uno le gusta, para mí el camión es mi pasión. Esta es mi vocación, así me separe a veces de los míos, el lado ingrato del oficio. Con vocación, transparencia y honestidad.

¿Sufrió algún percance, accidente grave, en la ruta?

-Recuerdo dos accidentes. Uno, a una cuadra del Ministerio de Justicia y Trabajo, cuando Cervepar estaba todavía en el centro. Se me me tumbo mi acoplado con 1.008 cajas de cervezas, en 1988 y el otro en la ciudad de San Antonio, transportando 46.000 kilos de trigo. Luego, Cervepar se mudó a Ypane. Las primeras cargas para las filiales de Encarnación y María Auxiliadora las trajimos nosotros, con mi padre.

Pololo dicen los chilenos a los novios. El apodo de su padre era “Pololo”, ¿el suyo cuál es?

– El mío es “Pirulo” (flaco, delgado) y tiene su historia. En una oportunidad, en el CIMEFOR, un recluta respondió a una orden mía, “a su orden mi cabo pirulo”, escuchó un camarada mío y por faltarme el respeto lo descuereó. Un patrón mío, un uruguayo, al enterarse de mi apodo, me dice Pirulo.

– ¿Qué más nos quiere contar?

– Más bien mostrar. En esta foto, cuando era joven, estoy con mi amigo Beto Segovia, soy quien sujeta el vaso y el termo en la mano es él. Mire el camión de la época, las fotos no salían perfectas como las de ahora.

También esta otra, jugábamos al fútbol, el de la pelota en la mano soy yo. Era en Cervepar donde nos integrábamos transportistas, obreros, empleados, ejecutivos a la hora del fútbol.  Lo bueno de ser camionero es que se tiene oportunidad no solo de hacer muchas amistades sino de ser útil a los que producen, a los que hacen trabajando el país.

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