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Caminaron más de dos leguas para plantar 1.200 arbolitos

El nuevo pueblo genera el buen ejemplo, el de la esperanza. El ejemplo de unos cientos de sus pobladores de sembrar todos los años su árbol sin que por eso exijan un pago porque la gran recompensa vendrá después en forma de aire limpio y fresco. En Nueva Esperanza, departamento de Canindeyú, por décima vez consecutiva, desde una empresa privada se movilizan para recuperar sus bosques, plantando de a uno, plantín por plantín, en los alrededores de la ciudad.

El domingo último, la empresa creada por varios agricultores de aquella ciudad de Canindeyú y denominada “Grupo Apane SA”, realizó su “Décima caminata ecológica”. Se trata, explicó a este diario el agricultor Eno Michels, de la décima caminata hasta determinado lugar para plantar árboles., especialmente de especies nativas.

Fueron entre 130 a 150 personas los que marcharon 12 kilómetros desde el centro de la ciudad hasta una isla donde nace un arroyo, hacia el sur de Nueva Esperanza, donde plantaron 1.200 plantines donados por la Binacional Itaipú lado paraguayo a pedido de la municipalidad local. “La propiedad elegida para la reforestación es la mía. La tercera y esta décima edición se dedicaron a reforestar el entorno de una naciente importante que alimenta el arroyo llamado Corentao, afluente del río Itambey”, agregó Michels.  El lugar se llama Caranda´y donde quedaba un bosque raleado pero que aún así protege a algunos animales silvestres como carpinchos, ciertos felinos, tatúes, etc. El predio reforestado tiene unas dos hectáreas y media.

La llamada “caminata ecológica” es un emprendimiento nacido y sostenido por la referida empresa de agricultores de la zona como una forma de cuidar la naturaleza del lugar. Hasta el presente año ya fueron plantados 20.000 árboles muchos de los cuales ya están grandes.

“La tierra es nuestro gran capital, debemos cuidarla y así lo hacemos no solo plantando árboles sino desarrollando nuestras tareas en las chacras con el cuidado con que la ciencia enseña. De esta misma tierra se habrán de obtener las cosechas presentes y futuras de modo que cuidarla es prioridad”, dijo el agricultor mientras acompañaba desde su camioneta a los caminantes.

Jóvenes, niños, señores y señoras, luciendo remeras blancas con inscripciones y figuras alusivas, peregrinaron  hasta el lugar escogido para la reforestación. Fueron 12 kilómetros, la distancia del kilómetro cero, sería como ir desde la Autopista Silvio Pettirossi y General Aquino, en la entrada de Luque, hasta San Lorenzo o; casi dos vueltas y media en el Parque Ñu Guazú.

La caminata, que debía realizarse siete días antes pero postergada por el mal tiempo, convocó en un surtidor de la ciudad a los convidados desde las seis de la mañana del último domingo. Bien vale, escuchamos comentar a algunos caminantes, sacrificar una vez al año el descanso dominical a favor de la naturaleza.

Que el ejemplo cunda, que todos los pueblos, compañías y ciudades tengan su “caminata ecológica” y que Paraguay vuelva a contar con sus bosques hechas a mano de sus habitantes. Que las administraciones comunales de toda la república haga igual que la de Nueva Esperanza, gestionando lo necesario para cumplir exitosamente con el cometido. Que las entidades binacionales de Itaipú y Yacyretá agenden la provisión de ciento de miles de plantines al año para que a mediano plazo dejemos de quejarnos porque los bosques acaban.

Plantar árboles una vez al año como realizan por décima vez los ejecutivos y empleados de una empresa privada de Nueva Esperanza debe ser el objetivo de todos los paraguayos. Que todas las empresas hagan lo mismo, con el mismo entusiasmo y finalidad.

Como dato curioso vale añadir la explicación de Michels: El arroyo de la micro cuenca boscosa se llama “Correntao”, nombre en portugués otorgado a una cadena de hierro utilizada para deforestar, abandonada en ese lugar por antiguos explotadores de bosques.

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