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Catedral Metropolitana: Fieles se agolpan en torno al corazón de san Pío de Pietrelcina

Cientos de feligreses de todas las edades, formaron largas colas y aguardaron pacientemente, bajo el calcinante sol del mediodía para ingresar a la Catedral, a fin de admirar la reliquia que está siendo expuesta en una urna a un lado del altar principal.

Oficiaron de moderadores, los hermanos capuchinos y seglares, entre los que se pudo ver a Gustavo Leite, ministro de Industria y Comercio, a fin de mantener el orden y los fieles pudieran aproximarse ordenadamente a la reliquia del santo italiano, en ocasión del centenario de las apariciones de sus estigmas.

 Los fieles rezan o acarician el relicario, en preferencia los ancianos y las madres con bebés, así como los enfermos que buscan en la reliquia el poder sanador del santo.

El hermano capuchino Valentín Pesente se refirió al poder sanador de San Pío, quien tenía un aprecio especial por los enfermos, por ello muchos enfermos se acercan al corazón de san Pío para la gracia de la sanación. Al mismo tiempo, decenas de personas formaban otra hilera para confesar, siguiendo la reconocida labor como confesor de san Pío de Pietrelcina.

“San Pio era famoso por eso, él se quedaba de 10 a 12 horas al día atendiendo confesión, la ayuda espiritual. El tenía el don de conocer la conciencia de la otra persona, él decía no estás todavía preparado para recibir la confesión, vuelva en un mes”, explicó Pesente.

El religioso destacó la presencia de la reliquia en un país de tradición católica como Paraguay, y el hecho de que ello ocurra cuando se cumplen 30 de la presencia de la orden capuchina en el país sudamericano.

“Tuvimos la gracia que el corazón de san Pío salga oficialmente para una visita a un país y vino al corazón de América, vino a Paraguay”, indicó Pesente.

El domingo estará en la Basílica de Caacupé, a unos 40 kilómetros de Asunción, centro de la mayor peregrinación católica de Paraguay.

El padre Pío, nacido en 1887 y fallecido en 1968 y cuyo nombre de pila era Francesco Forgione, fue proclamado santo por el papa Juan Pablo II.

Llevó una vida de total pobreza y consiguió además los estigmas de Cristo en las manos, pies y costado. Cuando su cuerpo fue inhumado, se constató que su corazón no estaba corrupto, por lo que se convirtió en reliquia.

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