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Cómo gustarle a todo el mundo

Parece un slogan de Dale Carnegie, pero el psicólogo Alexander Todorov, de la Universidad de Princeton (EE.UU.) ha demostrado tras un estudio, que las personas formulan juicios sobre la simpatía, confianza y competencia de alguien durante la primera décima de segundo.

Son el tipo de personas que llegan a una sala repleta de extraños y salen con 10 nuevos amigos, una cita de almuerzo y la promesa de ser presentado a alguien influyente. Muchos te dirán que ese encanto -la habilidad social o capacidad para ganarse a la gente- es una especie de arte, pero detrás de eso hay una sorprendente base científica.

Los rasgos faciales que aprueban o reprueban
«Hay cosas como la confianza e incluso el atractivo que dependen mucho de las expresiones faciales», recalca Todorov, autor del libro: El Valor facial: la irresistible influencia de las primeras impresiones. Formular un juicio rápido basándose en algo tan superficial puede parecer apresurado, pero lo hacemos todo el tiempo sin darnos cuenta. Y ello tiene profundas repercusiones, como influir en la decisión de por quién votas o en ser percibidos como dignos de confianza para recibir un préstamo bancario.

Para llevar a cabo su estudio, Todorov ha utilizado modelos estadísticos, basados en datos, para desarrollar algoritmos que pueden manipular rostros, permitiéndole extraer los rasgos que nos inspiran más confianza. Las conclusiones indican que entre más sonriente se vea el rostro más positivo es el efecto que genera. «La gente percibirá una cara sonriente como más digna de confianza, más cálida y sociable», explica.

Poner buena cara
Contrario a la idea de que hay que ser serio en el trabajo, tener encanto puede tener beneficios en el mundo empresarial. Los emprendedores con mejores habilidades sociales, tienen más probabilidades de ser exitosos y los trabajadores que gozan de agrado, son mejores en conseguir lo que quieren en la oficina.

Lo mejor de todo es que puedes entrenarte tú mismo para tener encanto. Con un poco de dedicación puedes convertirte en esa persona «que todo el mundo quiere conocer». Jack Schafer, un psicólogo y agente especial jubilado del FBI, dice que «nuestros cerebros siempre están examinando el ambiente en busca de señales amigas o enemigas. Las tres principales cosas que hacemos al abordar a alguien y que indican que no somos una amenaza son: un muy rápido movimiento de cejas hacia arriba y abajo, una leve inclinación de la cabeza y una sonrisa». Una vez hecha tu entrada, los expertos concuerdan en que la próxima clave para ser agradable es que te concentres en la otra persona, y eso significa no hablar de tí mismo. «La regla de oro de la amistad es que si haces sentir bien a la persona sobre sí misma, le agradarás», señala Schafer.

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