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Cosecha bajo 45° porque ama la chacra

Dicen que la agricultura es el arte de saber esperar y soportar. Resistir los efectos de las sequías y de las lluvias inoportunas, las heladas y los granizos y los precios bajos con los que a veces el mercado castiga. No es toda la exigencia, sino como Lilian Carolina Musso se debe sobrellevar 45 grados en plena chacra a la hora de juntar el grano y, de inmediato, sembrar la semilla.

Lilian, radicada en Yhú, departamento de Caaguazú, es hija de agricultores y como tal capea toda exigencia en el campo, como los rayos del sol en la chacra que no son iguales a las de una paradisiaca playa caribeña.

Esta mujer es una de las tantas que acepta los rigores del trabajo agrícola, encara las necesidades del momento con la solvencia de la campesina que sabe que la agricultura es como toro mañero al que hay que saber manejar. Por eso, en estos días anduvo al mando de la cosechadora, de la sembradora y hasta del camión dependiendo de las necesidades.

Otras veces, como ayer y que se aprecian en las fotos, ayuda en las parcelas de otros vecinos, como en la de don Framinio. Otras veces, sabiendo de su guapeza, acompaña a los técnicos provenientes de organizaciones técnicas y científicas porque ella es así, dinámica, con pura iniciativa, de aguante.

Los termómetros marcaban más de 42 grados en las chacras de Bella Vista, Yhú, Caaguazú, y la sensación térmica superaba los 45 grados de este implacable verano paraguayo. El campo se llenaba del rugir de los motores diesel y la atmósfera, del polvo producido por las hojas y vainas trituras en las entrañas de la máquina recolectora.  Lilian esperó  cuatro meses para cosechar el grano porque, como dicen los abuelos, la agricultura es el arte de esperar y soportar.

“Es apasionante”, responde a El País, al ser consultada sobre el trabajo agrícola.“Demasiado da gusto cuando llega el tiempo de cosechar. Bueno, este año, no tanto porque mermó mucho la producción por la sequía”.

-¿Y ahora, qué?

-Nada, los cultivos tardíos de la soja son la esperanza. Lilian, que también es abogada, no trabaja sola en la chacra. “Siempre somos de ocho a diez compañeros los que estamos en la faena de cosechar”, explica, sin importar que el calor pegue hasta con perversidad y violencia. Son 45 grados centígrados de sensación en la piel, tostada y sudorosa de esta mujer, que, a pesar de los pesares, se declara enamorada de las labores agrícolas, y que en el departamento de Caaguazú es conocida por su apego al trabajo rural.

El trabajo diario bajo la extrema exigencia tiene su premio, reveló, el de disfrutar de una represa cercana que tiene unas 15 hectáreas, rodeada de pura naturaleza que, según ella,  es mejor que cualquier playa del Caribe. Allí toma fresco con los suyos al final de cada jornada.

Cicerón decía que la agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al hombre sencillo y la ocupación digna para todo hombre libre. Quizás Lilian objete parcialmente al romano Marco Tulio Cicerón y agregue que la agricultura es la ocupación de toda mujer libre. Es que esta paraguaya no solo declama sino lo demuestra todos los días que la agricultura es también la ocupación de miles de mujeres, así como la de aquellas que en retaguardia producían el alimento y el algodón necesarios mientras los hombres guerreaban en los cañadones del Chaco.

Guapa como es, sabe que en la chacra no hay feriado, no hay descanso así esté caliente como horno, o los mosquitos ataquen por aluviones, que hay que cosechar. Y en medio de los rigores, Lilian se siente complacida con la tarea porque es consciente de que no recolecta solo el grano de soja como legítima compensación a su tarea  sino que está creando esperanza y alimentos para el semejante, así sea un extraño que viva al otro lado de los mares. Es más. Ella también se apasiona al ver transformada la tierra en la soja, en el maíz o el trigo. Vive la vida de la chacra, así el cielo se alborote con más de 45 grados y el aire se llene de agostados rastrojos.

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