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El hombre que convirtió en bosque su sojal y hoy es un paraíso

Dejó de lado el tractor, la sembradora, la fumigadora y la cosechadora y se puso a plantar árboles de especies varias y con sus propias manos. Lo que era su sojal en algunos años se convirtió en un parque con miles de árboles de colorida floración en primavera y poblada de aves durante todo el año. El forestador se llama Miguel Petter y su apellido es la identidad del parque que hoy es uno de los principales atractivos de Santa Rita, Alto Paraná.

Hasta ahí fuimos y al llegar a la entrada de la ciudad, tomamos la Avenida de los Inmigrantes. En un local de cooperativistas, en la esquina de la Expo Santa Rita, cargamos combustible en la estación de servicios y preguntamos dónde queda el parque Petter. El playero nos contestó que debíamos seguir por la ruta asfaltada que une este lugar con Santa Rosa del Monday, que nos encontraremos a la izquierda con el cementerio y a unos 300 metros, girando a la izquierda, el camino de tierra nos conduciría  hasta el parque.

No fue difícil llegar. Por las dudas, más adelante, preguntamos a un vecino si íbamos bien. Amable nos respondió que sí, que estábamos en el barrio Esquina Gaucha y que encontraremos un cartel que indica el desvío a la arboleda. “Posada Turística Parque Petter”, es el nombre con el que los vecinos lo conocen.

En el camino de tierra que finalmente tomamos, a la derecha observamos un extenso plantío de granos en cuyo horizonte, a los lejos, emergía un sistema de almacenamiento de soja, trigo y maíz. A la izquierda, una suerte de complejo para futuras viviendas en un barrio cerrado y, de inmediato, el vergel de tajyes, jacarandaes, frutales, una floresta como rescatada de las fantasías de Wald Disney.

De entre los árboles, cual guardián del portón, rubio, alto y con sombrero, emerge el creador del parque, Miguel Petter, un inmigrante que siendo adolescente se afincó en estos parajes en compañía de sus padres que venían desde el Brasil en busca del bienestar merecido. “Pero aquí me hice y ya soy como un paraguayo más. Aquí tengo a toda mi familia, incluso a mi madre, quien pese a su edad es muy guapa”, nos recibe comentando el hombre de rasgos alemanes.

“Somos de origen alemán”, aclaró, mientras nos presentaba a Ana, su mujer y a su madre, María (83), a quién le habla en alemán. La esposa es de origen francés. También Jorge (57), hermano de Miguel, trabaja y está radicado en el parque. “Esto es un trabajo familiar. Cuando necesitamos, contratamos ayudantes a quienes pagamos por día o por hora. Tengo dos hijas que ya formaron sus hogares pero que vienen a trabajar aquí. Cuando salimos de temporadas altas nos quedamos trabajando la familia y un funcionario fijo”, explicó a nuestro requerimiento.

Andar por el parque es como haber ingresado a una quimérica dimensión donde los oídos se llenan de los cantos de las aves; los ojos, de las coloridas flores del formidable jardín y, las papilas olfativas se embriagan con el aroma de las rosas y de los jazmines con los que nos encontramos a cada paso.

Casitas coloridas sobresalen entre los altos árboles, son las posadas para quienes buscan otro tipo de sensaciones a la hora del tomarse un descanso. “Aquí no solo ubicamos a los turistas en las cabañas acondicionadas para el efecto sino procuramos que todos los días, a toda hora, en el parque haya limpieza y silencio y que ese ambiente ayude al visitante a sentirse bien. Tiene casi ocho hectáreas para dialogar consigo, paseando por los senderos, leyendo bajo los árboles, siendo partícipe de toda la gracia que Dios nos da desde la naturaleza”, dijo mientras nos mostraba el área de aves que multiplica en cautiverio.

Explica que su parque se convirtió en una suerte de orfanato de aves y animales de bosques. “Me traen al parque, yo los cuido, algunos viven en hábitat cerrado, otros en libertad. Nuestra vivienda está en los fondos del parque, ahí tenemos un espacio para criar gallinas, patos, gansos, guineas para nuestro consumo y para preparar platos a los turistas que eligen ocupar las cabañas. En tiempos de la Expo Santa Rita yo soy el encargado del área de las aves donde también expongo las de mi casa. Hay gallinas con ocho y más kilos de peso”, fue diciendo como casi en un amable monólogo.

Enfatizó sobre el retorno de innumerables especies  de pájaros que volvieron al parque y que eran considerados prácticamente desaparecidos. “Llegan periquitos, papagallos que prácticamente estaban extintos en esta zona. Se sienten seguros por las condiciones que les creamos aquí. Creo que es un logro no solo para el parque sino para la zona”, dijo mientras caminamos en ese espacio natural lleno de paz.

Se quiebra al explicar cómo empezó el imprevisto cambio de sembrar soja a repoblar la chacra con especies vegetales. Pasaron 24 años de haber sufrido la tragedia que costó la vida de su hijo mayor mientras operaba un tractor utilizado en la siembra de granos. Las máquinas fueron vendidas y como un homenaje al hijo se puso a plantar árboles de especies nativas y exóticas. Paraíso, lapacho, palmera, frutales exponen sus imperiales figuras en ese conjunto natural manejado hoy por la familia Petter, bajo la denominación jurídica de la sociedad anónima.

Hoy el parque, de casi ocho hectáreas, se divide en un espacio para estacionamiento, tinglado para eventos, pileta olímpica, canchas para fútbol y voleibol, bungalós, jardines, área de aves, zona de piscicultura y amplios quinchos.  Está habilitado al público de martes a domingo. Los eventuales visitantes se retiran a las 18.00, la hora del cierre. Los que están alojados en las cabañas obviamente disfrutan todo el tiempo del parque.

La visita periodística se confunde con la turística. La impresión se transmuta, como dejamos de lado la misión que nos lleva hasta ahí y acaso arreglados de un libro y un termo con fresco tereré deseamos también descansar en una de las tantas reposeras y bancos, al amparo de la augusta sombra de sus árboles, hasta que, gozosos, quedemos profundamente dormidos en medio de la paz de ese bosque solemne y sacro. Por ello, bajo la propia experiencia, podemos afirmar que este espacio en medio de un mar de soja, es especial para quienes buscan pasar un relax distinto y por ello lo invitamos a conocer.

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