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Francia se prepara para elegir nuevo presidente en segunda vuelta

Francia se prepara para las elecciones presidenciales donde los ciudadanos deberán decidir entre la ultraderechista Marine Le Pen y el centrista Emmanuel Macron quienes proponen un destino opuesto para Francia y Europa.

Con una visión del mundo y concepciones muy diferentes del papel internacional de Francia, la jornada previa a las elecciones presidenciales muestra un fuerte enfrentamiento ideológico entre el mundialista Emmanuel Macron y la soberanista Marine Le Pen.

Emmanuel Macron, candidato de la globalización, encarna el libre comercio, una visión que se basa en la confianza en las instituciones internacionales y regionales. Marine Le Pen es todo lo contrario. Su credo es la nación y la soberanía. Y considera al liberalismo casi como un vicio, estima Bertrand Badie, especialista en relaciones internacionales en Sciences Po.

Marine Le Pen, de 48 años, dice ser la candidata de los patriotas contra los defensores de la globalización. Su rival se define en cambio como el candidato de los patriotas contra los nacionalistas.

Macron, que se somete por primera vez las urnas, encara la segunda vuelta de las presidenciales como claro favorito, con 60% de las intenciones de voto.

Los dos citan a menudo al general Charles de Gaulle, héroe de la resistencia francesa a la ocupación nazi, a la hora de demostrar su apego a la libertad. Ambos exaltan el destino nacional, la Historia de Francia, sus escritores y sus horas de gloria. Y cada cual visitó una catedral de Francia en el último día de la campaña.

Ambos pretenden además poner fin a la polarización tradicional de los dos partidos que dominan la política francesa desde hace más de medio siglo.

En la primera vuelta, el 23 de abril, causaron sensación al eliminar a la derecha conservadora (Los Republicanos) y a la izquierda (Partido Socialista).

El programa de Emmanuel Macron, liberal en el plano económico y en temas de sociedad, atrae sobre todo a los jóvenes urbanos, a la clase media y a los empresarios.

El discurso antiinmigrante y antieuropeo de Marine Le Pen seduce a parte de los obreros, a sectores rurales y a los “invisibles” que padecen la globalización sin beneficiarse de ella. Capitaliza así el hartazgo de los franceses ante el desempleo endémico.

El ambiente en los actos electorales también difiere por completo. Los simpatizantes de Le Pen abuchean a su adversario y gritan en coro: ¡Estamos en nuestra casa!. Emmanuel Macron, sonriente, pide en cambio a sus seguidores tentados de hacer lo propio con su adversaria: ¡No la abucheen, derrótenla!.

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