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El Gobierno es para los políticos, la administración es para los técnicos

Ing. Guillermo López Flores

No es falta de ética cambiar de partido, sobre todo de un partido a otro que es calco exacto e indistinguible uno del otro en todos en sus vicios. Si es cierto que las circunstancias del cambio partidario no fue muy elegante, pero es una cuestion personal.

Lo que debe quedar claro es la legitimidad y derecho del promotor y su pupilo a buscar por los medios legales el acceso al poder. Asi como de los otros de oponer sus respectivos candidatos. Así funciona el estado de derecho y el republicanismo, tan ausente y vulnerado en nuestro país, a lo largo de su historia.

Habiendo opinado sobre la legitimidad, corresponde analizar la idoneidad política, o no, del Sr. Santiago Peña: el gobierno es para los políticos, la administración es para los técnicos. Cuando los técnicos gobiernan y los políticos administran es la fórmula para el desastre. Administrar es una tarea técnica, formal, ordenada, reflexiva. Gobernar es político, la política es un arte. Administrar es una ciencia.

Gobernar es dirigir, orientar, conciliar los mas dispares intereses, las extremas demandas y urgencias.

Administrar: “ …. es hacer más con menos, es lograr que los recursos sean más eficientes, es el día a día de la operación, simplificar, eliminar los esfuerzos innecesarios”. El gobernar se puede estudiar como ciencia, pero la práctica no deja de ser un arte: requiere inspiración, intuición y oportunismo. Imprescindible ser receptivo y permeable a las emociones de los subordinados, atento a las sutilezas, discriminativo con los detalles, resolutivo en las decisiones, versátil ante las adversidades, elegante en las formas y pragmático en el fondo. Caveat!! Todo novel politico paraguayo debe tener en cuenta esta regla de hierro: los pueblos no solo tienen los gobiernos que se merecen (Machiavello), si no que eligen a los que se le parecen (Andre Malraux).

Otro aspecto positivo sería si se instala la intención o tendencia de renovar las dirigencias partidarias y representantes legislativos. Es decir, renovar esa caterva de impresentables políticos de pobrísima preparación intelectual que conforman y medran en los aparatos partidarios y anquilosados en el parlamento.

Finalmente, en este país donde tiene preponderancia la militancia por sobre el mérito, la obsecuencia por sobre la dignidad, la astucia por sobre la honestidad, el fuerte sobre el debil, donde como en la guerra, la decencia y la verdad son siempre la primera baja es de celebrar que gente competente y de decente trayectoria se interese en la política.

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