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Los mosquitos sobreviven al experimento más cruel de la historia

Tras engendrar una población de mosquitos estéril para reducir el contagio humano de la fiebre amarilla, el dengue y el zika, los especialistas afrontan un nuevo problema: ¿cómo transportar los insectos modificados desde un laboratorio a distintas regiones del planeta? Es el nuevo reto que se plantea si se quiere reducir el número de personas infectadas a lo largo y ancho del mundo.

Una posible solución, aunque parezca increíble, ha sido concebida por un grupo de entomólogos liderado por la Universidad Estatal de Nuevo México. Se reveló durante una serie de experimentos que los mosquitos machos de las especie Aedes aegypti pueden ser comprimidos en jeringas hasta los 240 ejemplares por centímetro cúbico, según un artículo que Journal of Insect Science publicó el pasado 7 de noviembre.

La tasa de compresión llama aún más la impresió con otras comparaciones: serían 1.200 mosquitos por una cucharada sopera, 2.500 en una jeringa entera de 10 mililitros o 7.200 mosquitos en un vaso de chupito. De ello se deduce que muestras mayores pueden enviarse a cualquier país incluso por correo.

Lo más sorprendente de estas pruebas ha sido ver que los insectos sobreviven a esta compresión, vuelven a desplegar las alas y las patas y son nuevamente capaces de volar. No mueren aplastados. Los científicos incluso calcularon a qué temperatura es preferible exponer a los hacinados animalitos para que les resulte más confortable el transporte y puedan recuperarse.

Todo ello ha sido necesario para criar en laboratorio una importante población de insectos machos esterilizados y liberarlos en la naturaleza. Allí podrían dedicarse a la procreación con las hembras silvestres. Cierto tiempo después de la cópula, las hembras pondrían huevos que nunca alcanzarían la madurez, algo que haría que la población general de los mosquitos disminuyese.

RT

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