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Malas decisiones que tomas todos los días sin darte cuenta

Aunque no lo creas, para llevar a cabo un gran cambio en tu vida necesitas empezar por lo más pequeño.

La vida que tenemos es el resultado de las decisiones que hemos tomado. Por mucho que te empeñes, no puedes volver al pasado para cambiar algunas cosas. Sin embargo, si tienes el presentimiento de que algo va mal y necesitas dar un giro a tu vida, deberás empezar primero por lo más simple y por aquello haces todos los días sin darte cuenta. Los errores que cometemos no fueron porque dimos la respuesta incorrecta, sino porque pasamos demasiado tiempo pensando en términos absolutos.

Tu nivel de concentración y fuerza de voluntad menguarán a lo largo del día, por lo que realiza primero las tareas sencillas

Por ello, te ofrecemos algunos consejos para cambiar esas pequeñas cosas que pueden llegar a determinar el estado de estancamiento en el que puedes encontrarte. Diez malas decisiones que tomas todos los días y cómo subvertirlas en algo positivo y que ha recopilado ‘Business Insider’.

No mires el correo constantemente

El zumbido de tu teléfono alertando de un nuevo mensaje en tu bandeja de entrada puede ser un impulso difícil de resistir. Si estás en el trabajo y no paras de recibir mails que interrumpen tus tareas, mejor será que los apartes a un lado y sigas con lo que estás haciendo. Una investigación sugiere que detener una labor para ir a otra te hace perder hasta un 40% más de tiempo que si te organizas y te centras en una sola actividad. Aunque pienses que eres más productivo haciendo dos cosas a la vez, no lo eres.

El remedio es fácil y sencillo. El prestigioso psicólogo Ron Friedman aconseja silenciar tu teléfono para no recibir constantemente alertas de correos electrónicos o cerrar momentáneamente la pestaña del mail en tu ordenador. Establece tiempos concretos para leer y responder todos los correos de una tacada.

Esta es la forma más inteligente de tomar las decisiones correctas. Un reciente estudio ha encontrado cómo podemos elegir la mejor opción entre las disponibles. El truco es simple y es muy probable que lo hagas a menudo.

Empieza por las tareas sencillas

Lo mejor será que reserves el inicio del día para realizar el trabajo más complejo. Varios investigadores afirman que la fuerza de voluntad disminuye a medida que avanza el día, por lo que será mejor llevar a cabo aquellas tareas que requieren una mayor concentración y enfoque. Otro de los beneficios de esta táctica es que te quitarás de encima las preocupaciones o posibles conflictos que se originen en el transcurso del trabajo. Imagínate si surge algo de última hora y todavía tienes pendiente aquella actividad por la que llevas todo el día preocupado.

No tengas el teléfono sobre la mesa de trabajo

Una investigación publicada en la revista ‘Journal of the Association for Consumer Research’ concluye que la mera presencia de tu teléfono móvil puede alterar tus ritmos mentales, haciéndote menos productivo. Aunque tampoco repares mucho en él y estés concentrado, cualquier vibración de un nuevo mensaje hará que pierdas la preciada concentración que necesitas. La mejor solución es también la más simple: guárdalo en el abrigo o déjalo en otra habitación cuando tengas que trabajar.

No estés sentado todo el día

Tener un empleo de oficina no es compatible con realizar actividad física. Un equipo de investigación resolvió que para paliar estos daños colaterales de un trabajo sedentario, solo necesitas levantarte y desplazarte varios minutos al día. Otro estudio, publicado en el ‘Journal of the American Heart Association’, descubrió que las personas que se mantuvieron activas durante aproximadamente una hora al día, tenían la mitad de riesgo de mortalidad que las que no lo hicieron. No hace falta que lleves a cabo grandes caminatas. Si cada hora andas unos cinco minutos más o menos, apreciarás grandes resultados.

No mires una pantalla durante horas

La conocida como “fatiga visual digital” es uno de esos síndromes del nuevo milenio. Los oftalmólogos aseguran que sus síntomas se asocian a sequedad en los ojos y borrosidad visual. Para combatir esto sin tener que salir necesariamente de tu puesto de trabajo, prueba la llamada ‘regla 20-20-20’: cada veinte minutos, mire fijamente algo que esté a una distancia cercana a los quince metros durante al menos 20 segundos. Tu vista te lo agradecerá.

Descansa a media mañana

Si tienes jornada continua, no pasa nada porque descanses un rato a media mañana antes de volver a trabajar. Un estudio de 2015 publicado en el ‘Journal of Applied Psychology’ advierte que cuanto más tiempo pasas trabajando desde el comienzo de la jornada laboral, menos útil es el descanso. Por ello, los tiempos de reposo que se hacen a una hora más temprana te repondrán energía, concentración y motivación.

Este mismo estudio demostró que tu tiempo de retiro no tiene por qué consistir en hacer algo que no tenga que ver con el trabajo. Solo asegúrate de hacer algo que te guste y te motive. Por ejemplo, avanzar en un proyecto de trabajo que te entusiasma seguramente sea más reparador que navegar por tus redes sociales.

Escucha música mientras trabajas

La música sirve, además de para insuflarte ánimo y divertirte en fiestas, para concentrarte. Si desempeñas una actividad que exija un fuerte esfuerzo mental, tal vez determinados estilos puedan echarte una mano. Aunque el silencio también te hace muy productivo, si escuchas música ligera como jazz o clásica es posible que el rato se te haga más agradable. Si necesitas darle un poco de energía y potencia, a riesgo de quedarte dormido, puedes probar con música electrónica suave. Todo vale. Lo que tú prefieras. En el caso de realizar tareas monótonas o aburridas, tu emisora de radio favorita puede ayudar.

El neurocientífico y músico Daniel Levitin aseguró en ‘Business Insider’ que escuchar música 10 o 15 minutos antes de comenzar un trabajo concentrado puede servir para mejorar tu humor y relajarte antes de ponerte en marcha.

Navega (bien) en redes sociales

Según los científicos, hay dos formas diferentes de usar Facebook: pasiva y activa. La activa fomenta el intercambio de comunicación directa con los otros. Piensa, por ejemplo, en publicar actualizaciones de estado y comentarios en los perfiles de otras personas. La pasiva se corresponde con el consumo masivo de información, algo que se ve reflejado en el ‘scroll’ autómata con el que repasas todas las novedades de tus contactos.

Un estudio del ‘Journal of Experimental Psychology’ confirma que el uso pasivo de Facebook puede hacer sentirte peor. Posiblemente sea porque genera celos al contemplar la vida tan cargada de experiencias de los otros en la red social. Por lo tanto, en vez de buscar o mirar el móvil sin parar, piensa en enviar un mensaje a un amigo o comentar positivamente la foto que acaba de subir alguno de tus contactos.

No te quedes despierto hasta tarde

Recientemente, los científicos han descubierto un curioso síndrome conocido por el nombre de ‘postergación de la hora de acostarse’, por el que no te vas a la cama en el momento que tenías previsto, sino que te quedas levantado sin razón o ninguna causa externa que impide que te acuestes. Un ejemplo claro es la nueva serie a la que estás enganchado y que tampoco es tan interesante. Recuerda, si te estás quedando dormido frente a la pantalla, lo mejor será que te vayas cuanto antes a la cama. Al día siguiente, tu cuerpo te lo agradecerá.

El confidencial

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