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Al Papa le avergüenza “la madre de todas las bombas”

“Prohibido desilusionarse y resignarse, ante eso me enfado; la renuncia es palabra prohibida para nosotros, tenemos que seguir adelante, luchar con creatividad”, afirmó el papa Francisco al recibir a jóvenes de las Escuelas para la Paz.

“Esto que tú dices es muy bueno, ‘que terminen las palabras perdidas’, los políticos no parecen decididos a hacer cosas para la agenda de 2030 para el desarrollo sostenible, no parecen decididos a alcanzar los objetivos, por eso, cuando tu hablabas, sabes en qué pensaba, pensé en Mina (la mítica cantante italiana, ndr), deslizó el papa ante el comentario de una jovencita.

“Pienso en la gran Mina y en su ‘parole, parole, parole’ (“palabras, palabras, palabras”, letra emblemática de una de las canciones de la intérprete)”, acotó. El Papa mantuvo este sábado un diálogo profundo y cercano con los jóvenes, reunidos en el Aula Pablo VI del Vaticano.

“Qué está sucediendo?” en el mundo, preguntó uno de los muchachitos que participa del congreso nacional de las Escuelas por la Paz y Francisco, que respondió cada una de las interrogantes que le plantearon, recordó que los programas de TV tienen más “audiencia” si hay violencia, como si hubiera un gusto en esto.

Pero aclaró que “hay mucha gente buena en el mundo que no se ve, que da la vida por los otros, aunque esos no generan noticia” y luego contó de una religiosa que conoció y que dedicó su vida al servicios de otros en Africa.

“Hay gente buena pero el mundo está en guerra: díganlo”, enfatizó luego el Papa.

“Sentí vergüenza por el nombre de una bomba: ‘madre de todas las bombas’. La mamá da vida y esta da muerte. Y llamamos mamá a ese aparato? Qué está sucediendo?”, enfatizó luego en referencia al explosivo que lanzó Estados Unidos en Siria semanas atrás.

El Papa también destacó que, según algunas estadísticas lo que más hacen ganar dinero, es el tráfico de armas, la droga, la explotación de gente, de niños obreros, algunos que trabajan desde los 7 años. “La explotación de los operarios, no solo en los países lejanos, sino también en Europa e Italia, cuando le pagan en negro o sin contrato.

Esto se llama destrucción, nosotros los católicos lo llamamos pecado mortal”, afirmó FRancisco y también advirtió que “hay mujeres que son vendidas para ser explotadas”.

Respondiendo a otro joven señaló que es necesario, “evitar el terrorismo de las palabras”. “Cuando hay un percance de tránsito emerge una “cadena de insultos”, pero, avisó, “insultar es herir a alguien”.

Les invitó a tener “una actitud de mansedumbre”, lo que “no significa ser estúpido, sino decir las cosas sin herir”. Es una de las virtudes que tenemos que volver a aprender, argumentó.

“La educación no educa a esta virtud de la mansedumbre y eso es debido a que se ha roto el pacto educativo entre la familia y la escuela”, deslizó luego.

Y contó que cuando era niño dijo algo incorrecto a una maestra y mandaron a llamar a su mamá al colegio. Allí la madre le hizo pedir perdón a la maestra, y “ese momento terminó bien, pero en la casa menos…”, bromeó, pero alegando que su madre lo regañó por lo hecho.

“Lo contrario sucede hoy -amplió-, cuando una maestra desaprueba a un alumno, los papás van a quejarse. Así, el joven crece mal, porque tiene que haber un pacto entre escuela, familia y Estado”, aseveró Francisco.

Tras largo intercambio con los jóvenes los invitó “a escuchar a los otros”. Contó de un diálogo televisivo preelectoral en el que se atacaban unos a otros. “Es más fácil insultar, pero hay que educar para dialogar con mansedumbre y con respeto”, completó.

También habló de la destrucción del ambiente para poder ganar más dinero y se preguntó “de dónde vienen estas enfermedades extrañas” en referencia a los productos poco naturales que se consumen.

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