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Bolsonaro indulta a presos con graves enfermedades en Brasil

El Gobierno brasileño publicó este lunes un decreto mediante el cual serán indultados todos los presos que padezcan enfermedades graves, salvo aquellos que hayan cometido delitos violentos, de corrupción o tráfico de drogas.

El decreto, que lleva las firmas del presidente, Jair Bolsonaro, y del ministro de Justicia, Sergio Moro, fue publicado en el Diario Oficial y beneficia en particular a aquellos reclusos cuyo estado de salud requiere cuidados especiales, que no pueden ser prestados en los establecimientos penales.

Asimismo, se extiende a los que estén en estado terminal, sufran ceguera u otras enfermedades que dificulten su movilidad.

El decreto establece que las autoridades penitenciarias deberán identificar a los presos que pudieran ser objeto de ese indulto e informar luego al Ministerio Público, que examinará cada caso y decidirá sobre la excarcelación.

También aclara que ese beneficio no será concedido a quienes hayan cometido delitos de corrupción o tráfico de drogas o a los presos por crímenes violentos, como terrorismo, homicidio o abusos sexuales, entre otros.

Según datos oficiales, en Brasil permanecen encarceladas cerca de 800.000 personas, que constituyen en términos absolutos la tercera población penitenciaria del mundo, por detrás solo de Estados Unidos y China.

Un informe publicado por el Ministerio de Salud a mediados del año pasado decía que cerca del 10 % de los reclusos padecían sida, pero aún no existen datos nacionales sobre otras enfermedades que pudieran llegar a ser motivo de indulto, en los términos del decreto publicado hoy lunes.

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Sergio Moro acepta ser ministro de Justicia de Bolsonaro

El presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, celebró hoy jueves que el juez Sergio Moro, responsable de la Operación Lava Jato, aceptara su invitación para ser su ministro de Justicia y dijo que su agenda será el norte que guiará la lucha anticorrupción en el país.

Su agenda anticorrupción, anticrimen organizado, con respeto a la Constitución y a las leyes será nuestro norte, escribió el electo mandatario de Brasil en sus redes sociales.

Bolsonaro, vencedor de las elecciones el pasado domingo con un 55 % de los votos, se reunió hoy en su domicilio de Río de Janeiro con Moro, quien condenó al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y ordenó su ingresó en prisión, para ofrecerle la cartera del Ministerio de Justicia del Gobierno que asumirá el 1 de enero.

Moro, símbolo de la lucha anticorrupción para una gran parte de la población brasileña y responsable por las investigaciones del vasto escándalo de corrupción destapado en la petrolera estatal Petrobas, aceptó la invitación y abandonará la magistratura tras 22 años.

Según confirmó el candidato electo, en una entrevista a un noticiero, que pensaba en el magistrado para ser titular de la cartera de Justicia o para ocupar la próxima vacante que surgiese en la Corte Suprema, el máximo tribunal del país.

Moro, quien previamente le deseó un buen Gobierno, dijo sentirse honrado por las palabras del capitán de la reserva del Ejército y afirmó que la invitación sería objeto de su reflexión.

El juez trabaja en la decimotercera Corte Penal Federal de la ciudad de Curitiba, donde se concentran las investigaciones en primera instancia del caso de corrupción en Petrobras, que destapó los millonarios desvíos que operaron durante una década en la estatal.

El escándalo en la petrolera estatal llevó a prisión a importantes empresarios y políticos, entre ellos a Lula, a quien Moro condenó a nueve años y seis meses por corrupción pasiva y lavado de dinero.

Posteriormente, decretó su ingreso en prisión cuando la pena fue ratificada y ampliada hasta los doce años de cárcel en segunda instancia.

El nombre del juez llegó a ser incluido en varios sondeos de opinión para los comicios presidenciales, si bien siempre negó la posibilidad de entrar en la política hasta hoy.

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Lula reitera su inocencia, pero se entregará a las autoridades

Luiz Inácio Lula da Silva, expresidente de Brasil, dijo el sábado que cumplirá con la orden de arresto en su contra tras una condena a 12 años de cárcel por corrupción, aunque reiteró que es inocente y que la historia va a demostrar que la justicia está equivocada.

En sus primeras declaraciones públicas luego de la orden de arresto en su contra, Lula afirmó que el juez mintió y por eso lo condenó, e instó al pueblo a seguir la lucha.

Voy a cumplir con el mandato y cada uno de ustedes, todas las voces de aquí, se van a transformar en mí y van a hacer lo que tienen que hacer, dijo Lula a una multitud tras una misa en honor a su esposa fallecida en la sede de un sindicato metalúrgico en Sao Bernardo Do Campo, donde pasó las últimas dos noches.

El encarcelamiento de Lula remueve a la figura más influyente de la política brasileña de la campaña para las elecciones presidenciales de este año en las que destacaba como favorito, dejando la contienda abierta y fortaleciendo las chances de otros aspirantes, de acuerdo a analistas y enemigos políticos.

El juez federal Sergio Moro había dado a Lula plazo hasta el viernes por la tarde para entregarse a cumplir la sentencia, que podría terminar con las esperanzas del primer presidente de la clase trabajadora de Brasil de regresar al poder este año.

Durante un discurso del sábado desde la sede del sindicato que lo vio nacer como líder antes de su consagración como una de las figuras políticas más populares de Brasil, Lula señaló: Cuanto más me atacan, más cerca estoy del pueblo brasileño.

La historia va a probar que ellos estaban equivocados, ustedes van a ver que salgo fortalecido de esto y que soy inocente, dijo Lula frente a sus fieles seguidores, algunos de los cuales acamparon la noche del viernes en las afueras del edificio sindical para apoyar a su líder.

Poco después de dar su discurso, Lula sintió un malestar y fue asistido por un médico, pero luego se recuperó, según informó la actual líder de su Partido de los Trabajadores (PT).

Él ya está bien, fue el calor, dijo la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann. Previamente, en la mañana del sábado, el juez del Supremo Tribunal Federal de Brasil Edson Fachin rechazó el último intento del equipo legal de Lula para suspender la orden de arresto. La defensa ya había perdido el viernes un reclamo ante la principal corte de apelaciones del país vecino.

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Todo Brasil a la expectativa del futuro del ex presidente Lula

El máximo tribunal de Brasil podría decidir hoy miércoles si el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva permanece en libertad mientras se resuelve su apelación a una condena por corrupción, un fallo que podría alterar radicalmente las elecciones presidenciales de octubre en la mayor nación de Latinoamérica.

Lula, que gozó de una inmensa popularidad tras dos mandatos al frente del país entre 2003 y 2010, fue condenado el año pasado por ayudar a una empresa constructora a lograr contratos a cambio de la promesa de que recibiría un departamento en primera línea de playa. El encargado de dictar la sentencia fue el juez Sergio Moro, responsable de los casos derivados de la Operación Lavajato (auto lavado), el mayor escándalo de corrupción en la historia de Brasil. Moro es considerado un héroe por muchos, mientras que sus detractores lo acusan de ser partidista.

El exdirigente siempre ha mantenido su inocencia, señalando que este caso, como otros cargos de corrupción pendientes de juicio, son intentos para mantenerlo fuera de la carrera presidencial. A pesar de los problemas legales que han enojado a algunos brasileños, las encuestas dan a Lula como favorito para hacerse con el poder.

Sin embargo, las negativas de Lula recibieron un revés en enero, cuando una corte de apelaciones ratificó la condena relativa al apartamento en la costa. Los tres magistrados que revisaron el caso ampliaron incluso la sentencia a 12 años y un mes.

Aunque Lula puede presentar más recursos, la ley brasileña podría obligarlo a empezar a cumplir su pena, como han ordenado Moro y los otros magistrados.

En este punto, su última y más plausible esperanza para no entrar en prisión y mantener vivas sus aspiraciones de poder es el Supremo Tribunal Federal, que el miércoles empezará a estudiar su petición habeas corpus.

Los abogados de Lula sostienen que su cliente tiene el derecho constitucional de permanecer en libertad hasta agotar todas las apelaciones posibles. Pero en un caso no relacionado de 2016, el alto tribunal discrepó con esa línea argumental, dictaminando que un condenado debería empezar a cumplir su sentencia tras la denegación de la primera apelación.

El sentido de la decisión de los 11 magistrados es un misterio para todo el mundo, ya que el caso implica a un expresidente que sigue teniendo una amplia masa de seguidores en un país profundamente polarizado. Lula no ha dejado de hacer campaña durante toda su batalla legal, criticando a sus detractores y prometiendo no rendirse. La semana pasada, en una parada en el estado sureño de Paraná, donde fue condenado por Moro, dos de los autocares de su comitiva fueron alcanzados por disparos, que no causaron heridos.

La presidenta del Supremo Tribunal, Cármen Lúcia, no respondió inicialmente a la petición de Lula, pero hace unas semanas cambió de postura en medio de una intensa presión y convocó una sesión de la corte, que luego se pospuso hasta después de los feriados de la Semana Santa.

A principios de semana, Lucía instó a los brasileños a aceptar con calma el veredicto que salga de su tribunal.

Vivimos en tiempos de intolerancia e intransigencia contra las personas e instituciones, señaló. Por esta razón, este es un momento donde debemos pedir serenidad. Serenidad para que las diferencias ideológicas no sean una fuente de desorden social.a

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Entre huevos y balazos, Lula termina gira en Curitiba

El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva termina este miércoles en Curitiba una caravana proselitista por el sur de Brasil marcada por la violencia, en la que dos autobuses de su comitiva inclusive fueron baleados. La presencia policial ha sido intensificada en la capital de Paraná, donde también confluirán grupos de derecha y adeptos del diputado ultraderechista Jair Bolsonaro.

Espero que tengamos seguridad, que la policía federal y la del estado, así como los servicios de inteligencia, puedan cumplir su papel para que podamos manifestarnos de forma pacífica y democrática como siempre lo hemos hecho, dijo la presidenta del Partido de los Trabajadores (PT), la senadora Gleisi Hoffmann, quien también es oriunda del Estado de Paraná.

La parlamentaria hizo esos comentarios después de los disparos efectuados en la noche del martes contra dos de los tres autobuses de la caravana, sin provocar heridos. Uno de los vehículos, que transportaba periodistas, recibió dos tiros y otro con invitados del PT fue impactado por una bala. Lula y Hoffmann viajaban en el único vehículo que salió indemne del ataque, indicó la legisladora.

Los adversarios del exmandatario (2003-2010) hostigaron a su comitiva a lo largo del trayecto de diez días por tres estados (Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná). Las protestas fueron poco concurridas, pero no le dieron tregua.

Nuestra caravana está siendo perseguida por grupos fascistas. Ya lanzaron huevos, piedras. Hoy, hasta dispararon un tiro contra un autobús, había informado el propio Lula antes de que fuera detallado que habían sido tres los disparos.

Bolsonaro felicitó, antes de ese incidente, a los activistas que organizaron actos contra Lula, a quien calificó de «bandido».

El rico sur agrícola es una región hostil a Lula y, según medios de prensa, varios asesores le desaconsejaron emprender esa gira. El año pasado realizó una por su feudo electoral, el empobrecido noreste, donde comprobó y reforzó su popularidad.

Curitiba es la ciudad donde oficia el juez Sergio Moro, impulsor en la primera instancia de la Operación Lava Jato, que investiga un gigantesco esquema de corrupción con base en Petrobras. Esa megacausa llevó a la cárcel a empresarios poderosos y políticos de todas las tendencias, y está en la base de la condena de Lula.

El juez Edson Fachin, a cargo de los expedientes de Lava Jato en el STF, denunció el martes amenazas contra él y su familia. La violencia de tintes políticos demostró este mes que en Brasil puede ir más allá de las amenazas con el asesinato de la concejal de Río de Janeiro Marielle Franco, conocida por su lucha contra el racismo, las discriminaciones y las denuncias de los atropellos policiales en las favelas.

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Lula tuvo otro revés judicial ayer en Brasil

En la víspera, un tribunal de apelación brasileño denegó los recursos presentados por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva contra una condena a más de doce años de cárcel, comprometiendo así las chances del líder del Partido de los Trabajadores (PT), tanto de volver al poder como de seguir en libertad.

La jurisprudencia brasileña autoriza a encarcelar a los acusados que hayan agotado las apelaciones en la segunda instancia, como ocurrió este lunes con Lula, de 72 años, presidente de la mayor economía latinoamericana entre 2003 y 2010, pero el Supremo Tribunal Federal (STF o corte suprema) le garantizó la semana pasada que no sería detenido al menos hasta el 4 de abril, cuando reanude la discusión de un ‘habeas corpus’ que podría permitirle mantener su libertad hasta que finalicen los recursos en todas las instancias judiciales superiores. Ese camino puede tardar años en recorrerse, empieza con el Supremo Tribunal de Justicia (STJ, tercera instancia) y puede llevarlo de vuelta ante el propio STF.

Los abogados del expresidente denunciaron una condena ilegal y no se mostraron satisfechos con las explicaciones dadas este lunes. Dijeron que, a su entender, no se agotaron los recursos de segunda instancia y señalaron que podrían cuestionar el fallo dentro de la misma corte de apelaciones (TRF4), una tentativa rara vez admitida, según juristas.

Tras el fallo del TRF4, Lula también estaría impedido de presentarse como candidato según la ley electoral brasileña, en momentos en que lidera los sondeos para las presidenciales de octubre.

El respeto que pretendo tengan conmigo es que juzguen el mérito del caso. ¿Arrestarme para sacarme de las calles? Estaré en las calles a través de ustedes (…) Ahora más que nunca quiero ser candidato a la presidencia de la República, dijo horas más tarde el exlíder sindical durante un acto en Foz de Yguazú (sur), en la triple frontera con Paraguay y Argentina.

Lula fue condenado el año pasado a nueve años y medio de cárcel por el juez de primera instancia Sergio Moro, como beneficiario de un apartamento de lujo de la constructora OAS, a cambio de su influencia para obtener contratos en Petrobras. Esa sentencia fue confirmada en enero y la pena elevada a 12 años y un mes de cárcel por el TRF4.

El caso se enmarca en el escándalo de sobornos a políticos revelado por la Operación Lava Jato, la mayor investigación de corrupción en Brasil, que implicó a políticos de casi todos los partidos, arrastró a grandes constructoras como Odebrecht y se extendió por una docena de países entre América Latina, Estados Unidos, Europa y África.

El exmandatario enfrenta otros seis procesos judiciales. En todos se declara inocente y los atribuye a una conspiración de las élites para impedirle volver al poder.

La decisión del STF el 4 de abril es aguardada con ansiedad. Si es aceptado, el recurso para Lula podría abrir la puerta a decenas de pedidos similares por parte de otros condenados en segunda instancia para salir de la cárcel y aliviar a numerosas personalidades que están en la mira de las investigaciones, como el presidente conservador Michel Temer y varios de sus principales colaboradores.

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Lula se siente víctima de una mentira en Brasil

El expresidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva se mostró combativo a una semana antes de iniciar un juicio crucial para su futuro político, al denunciar ante un auditorio de intelectuales en Río de Janeiro las mentiras de las que dice ser víctima.

Ya probé mi inocencia, desafío a los jueces a probar mi culpabilidad, lanzó el ícono de la izquierda brasileña en un teatro del coqueto barrio carioca de Leblon, donde fue aclamado al grito de «Olé, olé, olé ola, Lula, Lula».

La noción de golpe de Estado se ha sofisticado. Ya no se necesitan tanques, soldados, es suficiente contar mentiras que los medios reproducen como si se tratara de verdades. Unas mentiras que han anestesiado a la población, dijo tras una larga serie de discursos jalonados de intervenciones musicales y poéticas.

Este antiguo obrero metalúrgico que presidió el país entre 2003 y 2010 y encabeza los sondeos para las elecciones presidenciales de octubre, fue condenado en julio pasado a 9,5 años de prisión por el juez anticorrupción Sergio Moro.

Fue dejado en libertad a la espera del juicio de apelación, que tendrá lugar el 24 de enero en Porto Alegre, capital del Estado de Rio Grande do Sul, tras el cual podrá ser absuelto, detenido o autorizado a hacer campaña y poder volver a ser presidente.

De todas maneras, existe la posibilidad de que se planteen nuevas instancias judiciales. Lula, de 72 años, es acusado de haberse beneficiado de los favores de la constructora OAS, que le habría donado un apartamento tríplex a cambio de la obtención de contratos para la empresa pública petrolera Petrobras.

La policía federal mintió en sus investigaciones, la justicia mintió en sus acusaciones y el juez Moro mintió en su condena, dijo el expresidente mientras alzaba su puño para arengar a sus seguidores.

Cuando era niño conocí el hambre y nunca osé robar ni una manzana. ¿Cómo podría robar un apartamento?, cuestionó.

Lula estaba rodeado de intelectuales como el sociólogo Emir Sader y personalidades del mundo del arte como el humorista Gregorio Duvivier o la célebre cantante de samba Beth Carvalho, muy aplaudida al llegar al teatro en silla de ruedas.

El martes, la senadora Gleisi Hoffmann, presidenta del Partido de los Trabajadores (PT), fundado por Lula en los años 80, afirmó que será necesario que maten personas para poder llevar a la cárcel al exmandatario.

El PT prevé enviar decenas de autobuses repletos de militantes el 24 de enero a Porto Alegre, y el alcalde de la ciudad reclamó la semana pasada el apoyo del ejército, al temer que se produzca una invasión y desmanes en la ciudad ubicada al sur de Brasil.

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Lula, interrogado durante cinco horas por corrupción

El juez anticorrupción, Sergio Moro, investiga al exmandatario por cinco delitos, entre ellos sobornos pagados por constructoras a políticos.

El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva prestó declaración ayer en Curitiba (sur) durante unas cinco horas ante el juez anticorrupción Sergio Moro, a cargo del caso Petrobras, en un juicio que puede abortar sus pretensiones de volver al poder en 2018.

El interrogatorio del exmandatario de izquierda (2003-2010), de 71 años, empezó poco después de las 14:00 locales (17:00 GMT) y concluyó después de las 19:00.

Jornada de tensiones y extrema seguridad. La ciudad de Curitiba vivió una jornada de tensiones, con miles de partidarios de Lula en sus calles y un fuerte despliegue de seguridad.

La audiencia se llevó a cabo a puertas cerradas y su filmación debería liberarse en unas pocas horas.

Los abogados hablan con la prensa y Lula se dirigió a sus partidarios.

Al llegar al tribunal el exsindicalista y cofundador del Partido de los Trabajadores (PT), vestido de traje oscuro y corbata con los colores de Brasil, saludó a los manifestantes, que coreaban: «¡Lula guerrero del pueblo brasilero!».

Investigan soborno de OAS a Lula. La policía vedó el acceso a quienes no tuviesen que ver con el proceso, e incluso a los residentes de esta zona de Curitiba, denominada ya la «capital de la Operación Lava Jato», por el nombre de la investigación que desveló una red de sobornos pagados por constructoras a políticos y partidos para obtener licitaciones en la estatal Petrobras.

Moro busca determinar si Lula es propietario de un apartamento tríplex en el balneario de Guarujá, en Sao Paulo, que habría recibido de la constructora OAS a cambio de «ventajas indebidas».

La sentencia debería conocerse en un plazo de 45 a 60 días, aunque algunos analistas apuntan que podría ser en apenas un mes.

Cinco acusaciones contra el exmandatario. El expediente, conocido como el «apartamento de Guarujá», es una de las cinco acusaciones que hasta el momento pesan contra Lula por corrupción pasiva, lavado de dinero, tráfico de influencias y obstrucción a la justicia.

De acuerdo con las leyes brasileñas, Lula no podría postularse a las elecciones de octubre de 2018 si una eventual condena es ratificada en segunda instancia. Este proceso suele demorar un año.

El exmandatario niega todos los cargos y afirma que se trata de una persecución para impedirle volver al poder. Los sondeos dan a Lula ampliamente ganador, aunque también muestran que es uno de los políticos con mayores índices de rechazo.

Moro, de 44 años, considerado un ícono de la lucha contra la corrupción, había instado a sus admiradores a permanecer en sus casas para evitar enfrentamientos.

No todos siguieron sus consejos y algunos grupos se manifestaban con un muñeco gigante que figuraba a Lula vestido de presidiario.

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